15/9/15

El primer día

No sé donde lo leí. No lo recuerdo. Juraría que la he sacado de un libro que ojeé en la Libreria Yorick, cerca de casa. El caso es que además no la tengo clara. Viene a decir que el primer día de trabajo determina la calidad del resultado final. 

Ni tan mal quedó.

2/5/15

"DESTINOS" o la cafetera de Fidel

Antes de que se me pase ese regusto azucarado de Julián -personaje que interpreto en Destinos-, quería aprovecharlo para dedicar a esos momentos algunas palabras que llenen el vacío que deja un proyecto de estas características.

Anoche mismo comentaba Borja que nuestro siguiente reto debía ser rodar algo de ciencia ficción; y lo dice Borja, cuando en su casa salieron a saludarme cada día de rodaje Lex Luthor y Woody (¡hay una serpiente en su bota!). Cuando en las sesiones de ensayo disfrutamos de la compañía de R2D2, algo bajo de energía, pero ahí estaba. Me da por pensar en ese porcentaje de ciencia ficción que hay en la vida real algunas veces. ¿De dónde proviene el impulso que nos hace conectar, la combustión que nos hace reir juntos sin apenas conocernos? Así nos pasó a todas y a todos, creo, desde el primer día que Cándido nos citó, y hasta después de los cristales rotos, de las copas de vino volcadas, del último cigarro.

Se trata de una energía que sube y sube como la cafetera de Fidel -pero sin llegar a arder-, que se genera sin que sepamos de qué manera y que no es reproducible, es única como las personas que han trabajado en este cortometraje. Y es real, casi palpable.

No quiero daros las gracias, equipo. Creo que ya nos las dimos bastante durante el rodaje. Es más, afortunadamente parece que no va a ser tan fácil sacaros de la rutina.
Mi intención con este escrito es pediros la revancha, sigamos apostando, sigamos jugando.

¿Os hace?


12/12/14

Consideraciones sobre la interpretación 2: El despertar consciente

Es difícil controlar el fuego cuando tu intención es incendiaria. Recuerdo como en los inicios de mi formación mi primera maestra nos hablaba de un tercer ojo que debíamos tener los actores. Se trataba de un concepto bastante básico, -observa cuanto puedas y alimenta tu imaginario- pero que calaba hondo. Para mí, pasear por mi ciudad era como visitar un parque de atracciones para actores; sabías que en cualquier esquina podrías encontrar una manera de caminar diferente, un tipo de chepa o una expresión en el habla presumiblemente útil para un personaje.
Poco a poco esa parte del cerebro se va ejercitando y requiere más y más material, y empieza a apropiarse de las sensaciones de los buenos y de los malos momentos. Está entrenada para ello, así que casi sin percatarte la dejas hacer su trabajo.
Decía Vittorio Gassman que “el único error de Dios fue no haber dotado al hombre de dos vidas: una para ensayar y otra para actuar”, y es tan real que a veces te encuentras en casa absorto en el movimiento de una mano o cocinando mientras trabajas un texto. Se convierte en una rutina. Bebes teatro.

¿No roza lo neurótico?

El caso es que ves a actores mayores, tanto consagrados como recién iniciados en el arte de la interpretación, y reconoces en ellos el poso de experiencia. Más allá de las tablas que tenga o la técnica, está ese poso de experiencia de vida. En cierta manera, parece que les da todo igual, parece que verdaderamente entienden el valor del juego. Son capaces de manejar el fuego, de hacerlo estallar o crear la intimidad de una pequeña llama. El joven fakir, al cumplir años, se pasa a ilusionista.

No sé en qué momento de la vida ocurre, ni siquiera si ese despertar consciente existe, pero sí creo que a veces, aunque sea solo a veces, el teatro no debe ser tan importante.